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 los vampiros femeninos

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Ms.ana karen cullen
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MensajeTema: los vampiros femeninos   Dom Mar 22, 2009 6:54 pm

Arpías, las Arrebatadoras.

Los griegos nunca se pusieron de acuerdo en cómo representarlas. A veces aparecen con busto, brazos y cabeza de mujer, pero cubiertas de plumas; en otras versiones son simplemente pájaros con cabeza de mujer.

Eran hijas de la ninfa Electra y de Taumas (Thaumas, "milagro"). Tenían su residencia en las islas Estrofiadas (o Estrófades), después de haber sido arrojadas de las Boréadas.

Aelo ("vuelo tempestuoso", a veces llamada Nicótoe), Ocípete ("viento veloz") y Celeno ("la oscura", agregada luego por los romanos, y considerada como la más cruel de las tres) eran la forma imaginada de las fuerzas incognoscibles de la naturaleza, particularmente de los vientos, quienes suelen erosionar con voracidad el territorio griego. En cuanto a su número, los autores tampoco logran ponerse de acuerdo, para Hesíodo hay sólo dos Arpías, aunque otros aseguran que son tres, ocho, nueve, o doce. Nosotros hablaremos de las tres más conocidas, aunque nos apresuramos a aclarar que nuestra favorita no aparece en este tridente, por lo que nos tomaremos la libertad de decir unas palabras sobre ella.

Homero cita en un pasaje de la Ilíada (ahora no recuerdo cuál, pero sospecho que es en el libro VI) a una Arpía llamada Podarge, quien tras tener comercio amoroso con el viento Céfiro, da a luz a Janto y Balio, los caballos de Aquiles. Creo que esa es su única intervención en el ciclo troyano, pero siempre guardé su nombre en el corazón ya que es el primer nombre griego que logré traducir (o intuír), gracias a su similitud con el nombre de otro personaje, esta vez de la saga del Anillo de Tolkien: Podarge significa "Pies ligeros", al igual que el caballo de Theoden, rey de la Marca.

Me apresuro a pedir disculpas por una disgresión tan poco académica. Sigamos adelante.

Hesíodo, siempre agudo en cuestiones descriptivas, vocifera que las Arpías eran figuras aladas, de largas y onduladas cabelleras, más rápidas que cualquier ave conocida, incluso más veloces que el viento. Para Virgilio, más poeta que mitólogo, las Arpías son aves con cabeza de mujer, de garras encorvadas y con un vientre que exhalaba vapores inmundos. Vivían demacradas por un hambre feroz que jamás lograban satisfacer. Pestilentes y feroces, todo lo devoraban, emitiendo chillidos espantosos, espejos de una voracidad que no puede saciarse.

La palabra Arpías (Harpyas) es griega, y significa algo así como "las que raptan, las que arrebatan", aunque si hubiese que traducirlas en una sola palabra, creo que la ideal sería "Ladronas". En un comienzo tenían una tarea bastante noble: arrebatar a los demonios las almas de quienes iban al infierno. Pero luego todo cambió, aunque esto no debe sorprendernos, ya que los designios de Zeus siempre fueron insondables.

Como tarea divina se dedicaban a amargar la vida de cierto rey Tracio, quien podía profetizar el futuro a los mortales, razón por la cuál, los dioses lo privaron de la vista; permitiendo que las Arpías le arrebatasen la comida, dejando en su lugar sus pútridos excrementos; y así el pobre Fineo andaba siempre famélico, sin voz ni voluntad para dar oráculos. Afortunadamente, cierto día llegaron Jasón y sus argonautas, quienes valiéndose de la astucia consiguieron ahuyentarlas.

Hay un episodio en la Eneida, donde Eneas y los demás sobrevivientes troyanos se encuentran con las Arpías en las islas Estrófades. El encuentro es a la vez brutal y cómico: las Arpías les arrebatan a los troyanos la comida, y mientras huyen, Celeno gira en el aire y los maldice, diciendo que los troyanos estarían tan hambrientos que terminarían comiéndose las mesas antes de que el sol se ponga. Los exiliados de Ilión huyen, atemorizados y sensatos.

Con el tiempo, las Arpías abandonaron los textos mitológicos para venir a simbolizar a las mujeres difíciles de tratar. Es curioso, los hombres consideramos a una mujer como Arpía siempre que sus intenciones sean opuestas a las nuestras. Caso contrario, pasamos a llamarlas "Mi Amor, Cariño, Mi Reina", y demás puerilidades.

Remito al lector curioso ciertas investigaciones realizadas por un equipo de científicos, todos ellos divorciados, quienes afirman, en voz baja, que las Arpías griegas simbolizan en realidad a la mujer en ese indeseable estado que llamamos matrimonio. Nosotros, más cobardes que prudentes, no avalamos la veracidad de esta hipótesis.

Advertimos al inquisitivo lector de abstenerse de utilizar este epíteto con una dama, ya que además de grosero, es peligroso.


Empusa.
La vampiresa.

Vampiros femeninos exclusivos de Fenicia. Asociada en principio a la diosa Hécate, luego se la hizo habitante del Hades.

Para los griegos, Empusa era casi siempre representada con patas de asno, ya que este animal era considerado (vaya a saber uno porqué) un símbolo de la lascivia y la crueldad. Como detalle indescifrable diremos también que Empusa llevaba un calzado de bronce, cuyos fines prácticos se nos escapan.

En realidad, sus formas son tan variables dentro de la literatura que es complicado encontrar un método en sus metamorfosis. Por lo tanto, esbozar sus características es verdaderamente la pesadilla de un mitógrafo. De todas maneras, y tal vez por el hecho de que no somos mitógrafos, nos tomaremos la libertad de dar algunos detalles sobre sus extraños hábitos.

Cuando la Empusa toma aspecto femenino, lo hace con algunas deficiencias. Su aspecto es ciertamente atractivo. Es alta, de formas delicadas, con unos ojos verdes que parecen escrutar hasta los deseos más ocultos de su presa. El problema radica en que no puede disimular la soberbia pierna de bronce que se asoma bajo sus ropas.

Ya en la época de Aristófanes (444-385 a.C) vemos que el mito empezaba a ser tomado en broma, al menos en Atenas. En una de sus tragedias, sus personajes se burlan cruelmente de la pata de bronce de la pobre Empusa; incluso llegan a argumentar que su otra pierna debía estar hecha de excrementos.

En la obra de Filóstrato La vida de Apolonio de Tiana, hay un episodio muy destacable: una Empusa adquiere la forma de una bellísima mujer, y sin dificultad consigue enamorar a un joven estudiante de filosofía. Afortunadamente, el mago Apolonio desenmascara el ardid y logra que la Empusa confiese sus verdaderos fines. Allí la vampiresa admite que se dedica a seducir a los jóvenes e incautos estudiosos, quienes por otra parte jamás se resistieron hasta la intervención inoportuna de Apolonio, para luego beber su sangre en el lecho.

El episodio de Apolonio de Tiana y la Empusa es conocido como "La novia de Corinto", y el tema inspiró un bello relato sobre vampiros escrito por Goethe. Si a alguno de ustedes le interesa, pueden leerlo aquí.

Con el tiempo, la Empusa fue haciéndose menos antropomorfa, hasta que finalmente abandonó todo rasgo humano. Se deja ver especialmente con luna llena; recorre los montes y parajes deshabitados en busca de víctimas humanas (particularmente viajeros) o animales; adquiriendo casi siempre la forma de varios mamíferos menores.

Sus lugares favoritos para emboscar a los imprudentes caminantes eran las encrucijadas. Aquí ya vemos que el mito fue diluyéndose hasta hacerse irreconocible: Apolonio desenmascara a la Empusa mediante la palabra, pero en la época de sus andanzas rurales sólo bastaba con insultarla para ahuyentarla.

Aquellos que disfruten del mito vampírico seguramente ya lo saben, pero de todas maneras preferimos pecar de redundantes: la Empusa es una versión desmejorada de las Lamias; ahora bien, cuando F.W.Murnau filmó Nosferatu la primera película seria sobre vampiros, no consiguió los derechos de autor para llamar a su obra Drácula; por lo que debió modificar muchas cosas, entre otras, el nombre del conde, que en el film se llama Orlock. Nosferatu es una versión alternativa de Drácula, así como Empusa lo es de las Lamias; sabiendo esto es natural que Murnau haya elegido el nombre de Empusa para el barco que transporta al vampiro a las costas de Alemania.

Erinias; Eumenides y Furias.
Balbuceado por Aelfwine
Nuestra sección de mitología ha caído en el más inexcusable abandono, de manera que para retomar esta pequeña pasión, hemos decidido expiar nuestro culpa mediante la redacción de un ensayo sobre las deidades más vengativas de la mitología griega: las Erinias.

Robert Graves, una de las mentes que mejor intuyó las sutilezas de la mitología, nos ha dejado una descripción de estas damas:
Mujeres horribles, arrugadas, salvajes y secas como el carbón; con serpientes en lugar de cabello, rostros de perro, alas de murciélago, y ojos que vomitaban un fuego oscuro. Eran portadoras de antorchas inextinguibles y empuñaban látigos que siempre caían en la misma herida...

Ante esta imagen poco halagadora, uno podría sentirse tentado a desechar el mito de las Erinias como un producto más de la febril mente clásica. Sin embargo, este mito es uno de los más sutiles, no ya de la mitología griega, sino de todo el mundo antiguo. En las siguientes líneas esperamos ir corriendo el velo que cubre a estas aterradoras mujeres.
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MensajeTema: Re: los vampiros femeninos   Dom Mar 22, 2009 6:56 pm

Erinias, Euménides, Furias y un largo etcétera.

La confusión se plantea gracias a la pasión de los mitólogos aficionados, entre los cuales me incluyo, quienes suelen reunir en sus ensayos diversas fases de un mismo mito, construyendo así una entidad unívoca, totalmente ajena al espíritu de cualquier mito. En el caso de las Erinias, el laberinto se expande aún más debido a la gran diversidad de epítetos que estas deidades poseían.

El primer nombre de estas damas era ; (Perseguidoras), una versión arcaica del verbo erinein, que significa perseguir. Con el tiempo, los refinados griegos las dotaron con un curioso epíteto: Euménides (Εύμενίδες), que quiere decir bienintencionadas. Este detalle, además de ser una delicadeza que sólo el pueblo griego fue capaz de demostrar, nos habla de lo complejas que pueden ser las relaciones de los hombres con su fe, ya que no es común que se llame con un nombre piadoso a tres diosas cuya sed de venganza es implacable.

La explicación oficial nos dice que el epíteto Euménides es una antífrasis, es decir, llamar a una cosa por una cualidad que por naturaleza le es contraria, como una manera de suavizar y mitigar el rigor de una deidad. Ahora bien, es posible que exista otra explicación, acaso menos académica: no todos temían la llegada de las Erinias, ya que como sabemos, existen tantos traidores como traicionados, de manera que a la misma cantidad de personas temerosas de sus apariciones, existía un número igual de ansiosos devotos.

El último nombre que vale la pena mencionar es el utilizado por los romanos; Furiae (en ocasiones Dirae), que significa "horribles, terribles".

Las Tres Hermanas.

Las Erinias eran tres hermanas (en un comienzo, sólo una, como todas las trinidades griegas). Sus nombres eran Alecto, Megera y Tisífone. Veamos algunas de sus funciones y características.

Alecto.
Ἀληκτώ significa literalmente La que no entiende, aunque el sentido del nombre no alude a una falta de razonamiento, sino a su proverbial carencia de diplomacia. Con ella no puede negociarse, jamás oirá ningún ruego o clamor, y por ello, la traducción de su nombre se ha modificado para acercarse más a su esencia, de manera que se la suele llamar La Implacable.

Alecto tenía potestad sobre los delitos morales, tales como la ira, la soberbia y la envidia. Gracias a esto, a menudo se la confunde con otra deidad vengadora; Némesis, cuya función también es el castigo de los delitos morales, pero sólo los que se ejecutan en contra de los dioses.

Megera.
Μεγαιρα tiene un significado muy acorde a su función, La Celosa.

Megera es la deidad favorita de novias y esposas (de las fieles, claro), ya que su furia está encaminadas al exterminio de los infieles. Los griegos, tal vez por su afición a los placeres carnales, la consideraban como la peor de las tres Euménides.

Tisífone.
Τισιφονη quiere decir Vengadora de asesinatos, y su función está inclinada a la venganza del parricidio, el fratricidio y demás crímenes aberrantes. Con el tiempo su jurisdicción se amplió hasta abarcar a todos los homicidios.

El Nacimiento.

El nacimiento de las Erinias, al igual que el de muchas deidades griegas, tiene diferentes versiones: Sófocles pensaba que eran hijas de Gea (la Tierra) y Skotos (las Tinieblas, otro nombre de Erebo); Homero opinó que sus padres eran Hades y Perséfone; Esquilo creyó que eran los retoños de Nix (la Noche), pero la versión más aceptada es la de Hesíodo, que las hace hijas de Urano y Gea. La historia de este nacimiento es tan curiosa que merece un breve resumen.

Cuando Cronos se rebeló contra Urano, su padre, recién alcanzó la victoria cuando pudo cercenarle los genitales. De la sangre caída por la inimaginable herida nacieron las Erinias. Recordemos que en su versión más antigua, también Afrodita nació durante esta mutilación, sólo que su fuente nutricia no fue la sangre, sino el semen derramado por el miembro amputado del pobre Urano.

La Esencia de la Venganza.

Las Erinias son deidades, pero no están sometidas a los dioses olímpicos, así como tampoco a los señores infernales, aunque sus moradas estén en las estancias oscuras.

Residen en el Erebo, o en el Tártaro, según el autor, y de allí parten para atormentar a los vivos que han cometido un crimen, o bien reciben a los pérfidos con diversas y elegantes torturas.

Los dioses olímpicos, en especial Zeus y Atenea, aborrecen profundamente a las Erinias, y siempre evitaron cualquier trato con ellas, a pesar de que comparten el mismo linaje. Esquilo ha jugado magistralmente con este sentido marginal de las Erinias, pero el análisis de su obra (las Euménides) excede tanto nuestras intenciones como nuestra capacidad.

La esencia fundamental de las Erinias es la maldición, y la leyenda primitiva habla de que ellas sólo adquieren consistencia cuando la víctima de una traición, o el pariente de un muerto, las convoca mediante el acto de maldecir. De hecho, las primeras elucubraciones del mito nos dicen que las Erinias sólo castigaban a los perjuros en vida, casi siempre provocándoles la muerte por suicidio.

El procedimiento que aplicaban era bastante simple: cuando alguien incurría en una falta grave, ellas volaban hacia el criminal, y lo atormentaban con horribles gritos y aullidos que jamás cesaban. De allí proviene otro de sus epítetos: Μανίαι, Maniai, Las que Enloquecen.
Lamias, Vampiros Femeninos.

A pesar de lo que puedan leer por ahí, las Lamias son de origen oriental y no latino; claro que son parte del folklore griego y romano pero su fuente es una leyenda Libia.

Su nombre helenizado proviene de "Lamyros" ("glotón"). Lamia era una princesa Libia; sus hijos fueron masacrados por Hera, la esposa de Zeus. Desde aquel momento Lamia es un espíritu vengativo de forma a veces humana, a veces mitad reptil. Se alimenta de infantes, incita a los hombres en orgías interminables y luego los devora. Producto de estos excesos, Lamia tiene una descendencia macabra: los Lamiae. Lampriere, en su exquisito (aunque a veces inexacto) diccionario, afirma que los lamiae son adquiridos por los griegos de un mito africano, donde unos niños siniestros con agradables voces se acercan a jugar con otros jóvenes para luego devorarlos. Estos, siempre según Lampriere, serían luego conocidos cómo Lemures.

En Grecia las lamias eran conocidas por atacar especialmente por la noche; podían consumir tanto la carne como los huesos de sus desafortunadas víctimas, aunque tenían especial predilección por la sangre de los bebés.

Si te interesa este Ser te recomiendo que leas Lamia, de John Keats.

Lamia, el mito de la vagina dentada...

Lamia.
El Mito de la Vagina Dentada.
Dos clásicos de la demonología, Ulrico Molitor (de Lamiis et pythonicis mulieribus,1489) y Jean de Wier (Lamiis líber,1577) se han ocupado extensamente de este personaje fabuloso, casi siempre mencionado en plural, aunque con los típicos prejuicios de su época, asociándola a la brujería y viendo en su imagen una suma de todos los aspectos negativos de la femineidad.

Enajenada desde los orígenes del mito, a causa de una injusta venganza (la divina Hera, celosa de sus amores con su marido Zeus, mató a casi todos los hijos que ella había concebido con el dios, la única que logró escapar a la venganza fué Escila). Lamia y sus pares se cebaron desde entonces en los niños ajenos y en sus padres; vampirizando a los pequeños y seduciendo hasta la demencia a los adultos, en represalia por sus hijos perdidos y por despecho hacia la deidad que la gozó en el lecho, pero que no se dignó a defenderla de la cólera celeste.

Se la conocía también bajo el nombre de Anatha, y una de sus curiosas habilidades consistía en poder quitarse los ojos a voluntad, incluso llegó a ayudar a varios héroes prestándoles sus globos oculares.

Bajo el nombre de Empusa adquirió, ya entre los romanos, la característica central con la que su sombra ha llegado hasta nosotros. Es la enemiga por antonomasia del género masculino, al que hace responsable del mal trato y de la discriminación que en general padecen las mujeres.

Conocida como "La devoradora de hombres", ya que su leyenda la acusa literalmente de comérselos, luego de cautivarlos con una belleza que nunca otorga lo que promete, y de atraerlos para consumar sus propósitos a lugares desiertos. La moderna simbología ha querido ver en ésta singular demonia el arquetipo del temor ancestral de los varones ante el misterio de lo femenino, y también la famosa y explícita metáfora freudiana sobre la "vagina dentada". El etnólogo Leo Frobenius (mitologías del atlántico), y más tarde Carl Jung (transformaciones y símbolos de la libido), han glosado tales interpretaciones y la relacionan así mismo con el Lamio, pez abisal de los mares ibéricos, famoso por su voracidad.
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MensajeTema: Re: los vampiros femeninos   Dom Mar 22, 2009 6:57 pm

Lilith, la Madre de los Vampiros.

Le debemos al profeta Isaías una de las versiones más desoladoras y angustiantes del mito de ésta mujer; demonizada y convertida en símbolo del oprobio femenino, precisamente por haber sido la primera que quiso ser una mujer, y no sólo un útero procreador al servicio de la comunidad de los justos.

"...y en su palacio crecerán las zarzas..."

Dice el Profeta en la primera parte del libro que se le atribuye, que es también la menos sospechosa de ser apócrifa y la de más alto vuelo poético:

"En sus fortalezas las ortigas y los cardos arraigarán y serán morada de chacales. También allí Lilith descansará, y hallará su lugar de reposo".

Lúgubre reino habitado por demonios, sátiros, perros y gatos salvajes, incubadora de serpientes y morada de buitres; conjunto que en definitiva Yahvé suele acumular cuando se enfada. Este es el sitio que la Biblia imagina como justa y natural residencia de la segunda (o tal vez la primera) mujer de Adán.

El Origen de Lilith.


Demonio femenino de la tempestad en el panteón babilónico, y llamada Lajil (que significa "noche") por los cananeos, Lilith aparece en la tradición heterodoxa bíblica como la "enemiga de Eva", a quién su marido abandona por ella tras el nacimiento de Abel y previo al de Caín (engendrado, según dicen las malas lenguas, por el demonio Samael). En la versión ortodoxa Caín es en cambio el primogénito.

Los siempre sutiles intérpretes de la ley talmúdica le dan un giro a la leyenda, sugiriendo que fue Lilith la primer mujer de Adán, a la cuál este prototipo de macho repudió porque no se sometía al arquetipo de la obediente y sumisa esposa; razón por la cual Dios no tuvo más remedio que recurrir a la costilla adánica para crear a una sustituta idónea: la previsible e insulsa Eva, madre de la especie humana y pálido ejemplo de la monótona resignación que la sociedad exige de las mujeres. Pero erotismo y maternidad son poco conciliables, y el trasnochado Adán regresó a Lilith para gozar de sus incomparables artes amatorias.

Esta historia explica porqué Lilith terminó siendo la reina de los súcubos, la tentadora infértil, la obsesión nocturna de las pesadillas eróticas de los hombres, la vampiresa por excelencia, condenada a errar sin refugio ni descanso por las tinieblas del mundo.

Esa es la idea que los textos sagrados nos legaron de la mujer, y de su supuesta fascinación natural por el desenfreno y el pecado; sólo corregible bajo el sometimiento y el rigor. Por ello fueron privadas de la honra las vestales órficas, las sacerdotizas de Dionisos y las bacantes romanas, y quemadas por millares las lejanas brujas que confortaban en las aldeas y los bosques a los desposeídos.

La Madre de los Vampiros.

Veamos ahora porqué se considera a Lilith como "Madre de los Vampiros".

Según el mito, cuando Lilith se niega a mantenerse debajo de Adán durante el acto sexual, huye hacia la noche transformándose en aire frío (algunos dicen que luego los ángeles lograron atraparla en el Mar Rojo); y es aquí dónde el mito se quiebra, Lilith pasa de la protesta y la tímida huida a las acciones. La tradición hebraica de oriente afirma que en éste punto Lilith comienza a vengarse a través del infanticidio. ¿Os parece exagerado una venganza semejante? Es posible que así sea, pero sigamos investigando y veremos el porqué de esta elección tan radical y violenta.

Lilith mata y se alimenta de bebés por una razón muy sencilla: en la época en la que se desarrolló la leyenda se pensaba que el embarazo se producía sólo mientras la mujer tomaba una posición pasiva durante el coito; por lo tanto lo que Lilith no deseaba (cuando huyó de Adán) era el embarazo; negaba su condición de madre sabiendo que así resignaría su rol de mujer; es entonces natural que se haya asociado su venganza a aquello que más odiaba.

Aquí la trama se hace más compleja; y no seguiremos las tradiciones del Zohar, como seguramente aconsejaría la prudencia, sino que revelaremos el misterio de su odio a través de la intuición: Lilith encauza su venganza golpeando en dónde más le duele a una madre, a sus hijos.

Y la venganza creció; según algunos textos del talmud babilónico, Lilith logra escapar a la maldición que Dios envía a los hombres tras la caída de Adán y Eva. La pareja pierde la inmortalidad pero Lilith evita la pena por no estar presente, y conserva así su penosa inmortalidad. ¿Cómo pudo ser posible esto? Muy simple, ella no está presente porque "es la noche", la oscuridad; es lo que se mueve en la penumbra; ¿qué es acaso el sol sino un tenue brillo en la inmensa oscuridad del universo? El pecado original ocurre durante el día; tal como se desprende del análisis del Génesis; por lo tanto es perfectamente claro que ésta es la razón por la cuál Lilith conservó su eternidad.

Así pasó Lilith a la historia del mito y la leyenda; cómo la antagonista de Eva (prototipo de la esposa-madre), enemiga del hogar y la sumisión. Será la noche con todos sus misterios y secretos; será eterna, inmortal, beberá sangre de los cuellos aún palpitantes y seguirá siempre sedienta, se alimentará de nuestras pesadillas; y con el tiempo, y a pesar de la aparente paradoja, la tradición popular le dará el noble epíteto de Madre de los Vampiros.
Quimeras.
Señoras de la Imaginación.
Las primeras noticias sobre ella/s provienen del libro VI de la Ilíada, y allí se aclara que es de linaje divino. Su descripción varía según los comentaristas. Homero dice que por delante era un león, por el centro una cabra, y el resto una serpiente. De sus palabras algo entreveradas, los estudiosos mitólogos suponen que Homero quiso decir que la Quimera tenía cabeza de león, cuerpo de cabra, y cola de serpiente.

Ahora bien, para agregar mayor confusión tenemos la descripción de Hesíodo, quien en la Teogonía afirma que la Quimera tiene tres cabezas, y sobre su lomo se asoma una cuarta cabeza, esta vez de cabra. Con esta fisionomía imposible aparece en el famoso bronce de Arezzo, que data del siglo V.

La última reaparición clásica de la Quimera es en el libro VI de la Eneida. El comentador Servio Honorato observa que el monstruo es originario de Licia, ya que en esa región hay un volcán que lleva su nombre. También en la Eneida se asocia a la Quimera con el fuego, en varios pasajes Virgilio la llama: Quimera armada de llamas.

Volviendo al volcán con el cual se la asocia, diremos que casi todas las descripciones que nos proveen los clásicos afirman que su base está infestada de serpientes; en sus escarpadas laderas hay manadas de cabras salvajes, y su cumbre, naturalmente, exhala vapores y fuegos ocasionales. Con estas características es fácil imaginar que la Quimera es una metáfora del volcán; ya que pensar que el volcán es un espejo de la mítica enemiga de Belerofonte es, al menos, inquietante; aunque hablaría muy bien del humor de Dios.

_¿Pero, no hay más datos sobre la Quimera?_nos interroga un exaltado lector.

_Sí_respondemos, con resignación.

_Bueno, hable entonces. Me gustan tanto esas cosas imaginarias...

_Cómo no, querido e hipotético lector. Usted sabe que estoy para servirle.

_Gracias.

_¿De veras creé que estoy para servirle?

_Claro.

_Le recuerdo que usted es para mí tan imaginario como una Quimera. A ella sé bien cómo imaginarla, pero a usted...

_No aproveche la ocasión para embarrarnos con sus consideraciones estéticas. Hable de la Quimera y déjese de joder.

Cabizbajo tras esta quimérica discusión, retomo el hilo de la madeja.

Plutarco, quien al parecer no le interesaba coincidir con sus ancestros, asegura que la Quimera es en realidad el nombre de un pirata, quien habría tallado una cabeza de león en la proa de su barco. Cerramos éste breve artículo con unas consideraciones de Jorge Luis Borges:

"Estas conjeturas absurdas prueban que la Quimera ya estaba cansando a la gente. Mejor que imaginarla era traducirla en cualquier otra cosa... la incoherente forma desaparece y la palabra queda, para significar lo imposible..."

Las Quimeras como demonios.
Espectros que estimulan las fantasías humanas y en general las ilusiones que rondan en torno a la espectativa de encontrar una explicación a los fenómenos de la realidad y a los acontecimientos de la vida.

El anónimo autor del grimorio Diabotanus, les otorga como residencia un territorio impreciso, a mitad de camino del Tártaro y del Edén, esa zona intermedia entre la felicidad absorta y la desdicha, que suele ser patrimonio de los ángeles. Allí, rodeadas de una bruma sutil, tejen y destejen sin pausas los fundamentos de las creencias y los sueños; de las artes adivinatorias y de los presagios, de las ciencias cognitivas, de los talismanes y amuletos, de las apariciones y de la levedad de los fantasmas. Alimentan la frágil existencia de la imaginación , y las palabras que diferencian a los poetas de los locos.
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MensajeTema: Re: los vampiros femeninos   Dom Mar 22, 2009 8:22 pm

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Ro.
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MensajeTema: Re: los vampiros femeninos   Jue Abr 02, 2009 7:15 pm

Shocked todo esta muy interesante!
arriba las vampiresas jejeje
xDD
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MensajeTema: Re: los vampiros femeninos   Hoy a las 2:33 pm

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